Marchando por nuestros derechos

El pasado mes de agosto se realizaron marchas en diferentes países de Latinoamérica para mostrar el apoyo a las mujeres en Argentina para lograr despenalizar el aborto en este país. México no fue la excepción y miles de mujeres tomaron las principales avenidas de la capital para luchar por su derecho a decidir sobre su cuerpo.

Las mujeres que participaron tenían un motivo para acudir y muchas de ellas una historia que contar relacionada con el aborto, en esta ocasión contaremos dos historias  de dos mexicanas que tuvieron que tomar la decisión de abortar aún corriendo el riesgo de sufrir algún daño físico o una consecuencia legal debido a que el aborto aún era ilegal en la ciudad cuando tuvieron que practicárselo de manera clandestina.

La primera mujer relata que a los 15 años tuvo que someterse a un aborto ilegal inducido por ella misma en el baño de su casa. Ella utilizó el medicamento misoprostol, el cual no era fácil de adquirir pero logró obtenerlo de manera clandestina.

Así que una mañana ella misma se indujo al aborto y después de un breve tiempo desecho el producto, creyó que por fin todo había terminado, sin embargo, no era así. Había sufrido complicaciones por el medicamento debido a que lo utilizó en una etapa muy avanzada del embarazo y comenzó a tener sangrado, por lo que tuvo que dar aviso a su madre quien la llevó de urgencias al hospital.

En el lugar la atendieron pero le preguntaron cuál era el motivo de la hemorragia, al decir que fue aborto, su madre temió que su hija fuera llevada presa, como relata la mujer tuvo mucha suerte debido a que en ese momento las personas del ministerio público no estaban en el hospital y ella pudo irse.

La segunda mujer relata que ella acudió a una clínica clandestina donde recibió violencia psicológica por parte del personal médico que la trató con desdén y amenazaron que si ella informaba que se había hecho un aborto ahí podría ser llevada a la cárcel porque lo que estaba haciendo era un delito.

Cuando despertó de la anestesia sufrió un ataque de pánico y los médicos le dijeron que lo que había pasado era culpa suya y que así lo había querido. Por fortuna ella no sufrió alguna consecuencia en su salud pero sí vivió un trauma muy fuerte.

Por eso estas dos mujeres decidieron marchar para que otras mujeres tengan el derecho a tener un aborto seguro.

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