La pequeña vida que no conoceré

Pequeño: Puedo sentirte aquí. Eres tan pequeño que tu tamaño es de un frijol, es difícil imaginar que en 9 meses estarías tan grande con todos tus órganos, tus manitas pequeñas.

Me parte el corazón que no sienta la alegría que debo sentir en este caso. Me siento mal, pero tampoco lo siento. Siento que esto sea un adiós. Me siento triste de que jamás podré conocerte. Tú podrías haber tenido los ojos de tu padre y mi nariz, y podríamos ser una familia.

Pero, pequeño, volveremos a vernos. Y prometo que la próxima vez, cuando estemos en la misma realidad, estaré lista para ti. Más que querer cosas buenas para mí, quiero lo mejor para el futuro. Por eso no puedo ser tu madre ahora. Estoy todavía creciendo. No sería justo traer una nueva vida en un mundo donde aún estoy atormentada por los fantasmas de la vida que he vivido. Quiero que tengas todas las cosas que yo no tuve. Y quiero que seas mejor y más magnífico de lo que yo podría ser.

No puedo hacerte esto, pero ya está hecho. Y mientras tengo un montón de sueños por ahí, no puedo traerte aquí. No así. Te prometo verte de nuevo, y la próxima vez puedes llamarme madre. Te prometo que haré muchas cosas buenas, y en todo momento pensaré en ti.

El mundo es muy cruel y muy falso. Mi vida no está bien construida, no hay nada sólido y nada me pertenece. No sé ser madre, no sé cuidar de mí sería lo más injusta no tratarte como mereces. Ni darte lo que mereces. Nunca me dijiste nada y nunca te conocí y me duele tener que decir adiós. Tú solito llegaste y solito te irás. Perdón por no dejarte abrir los ojos ni respirar el aire. Perdón por no dejarte ver lo maravillosa y horrible que es la vida. No podre ser tu guía en la vida, y no sé si fue lo correcto dejarte ir. Te amo, pequeño y hubiese deseado que las circunstancias fuesen distintas.

Al escribir todo esto, se me llenan los ojos de lágrimas porque es inevitable el dolor. El dolor que en este momento siento no saber a quién pedirle perdón, ni a quien va dirigido. Solo quiero desahogarme. Llevo dos días hablando contigo a todas horas. Aunque no sé si me puedas escuchar, mis lágrimas me dicen que sí. De alguna manera siento una presencia acompañado me por las noches. Estas noches que no he dormido nada, porque espero justo este momento para poder estar en completa soledad.

Todo fue demasiado rápido y demasiado confuso. Yo no podía tenerte, pero ya te tenía. Tú no eres un recuerdo lejano. Eres mi hijo. Aunque la gente me diga loca y diga que tú no eres un ser humano por tu corto plazo de vida, eres mi hijo. Te arrebaté la vida y eso no se me olvidará, lo hice por miedo. Porque en la sociedad en la que vivimos tener un hijo a mi edad “arruina tu vida” “acaba con tu libertad”.

Quizás tus abuelos no estarían de acuerdo con que te quedarás conmigo, pensarían en opciones como adopción pero no quisiera traerte al mundo y luego dejarte a tu suerte, con adultos que no son tus papás. Reconozco que hay muchas parejas buenas que desean con todas sus fuerzas tener un hijo, pero también hay gente mala. Tengo un libro que se llama “La Biblia”. Todo el mundo lo tiene, y casi nadie lo lee. Yo no soy muy religiosa, dice la biblia Dios os quiere tanto (nos quiere tanto a todos) que, incluso aunque una madre no se compadezca del hijo de sus entrañas, el nunca se olvida de nosotros. Imagino que tú lo sabrás mejor que yo, porque si es que existe. Le pido que te cuide y que me ayude a que me perdones.

Jamás imaginé sentir todo esto. Eres increíble, aunque jamás dijiste una palabra, y aunque jamás te vi. Eres increíble porque eres parte de mí, de tantos espermas corriendo, tú ganaste. Te formaste tu solito, interrumpí tu proceso no te vas siendo un feto, eres un angelito que donde quiera que te encuentres espero que me comprendas porque lo hice. Es triste saber que nadie más reconozca el esfuerzo que hiciste por llegar al ovulo y crearte.

Ni siquiera sé si tu papá piense como yo o si le da lo mismo. Pero yo si té reconozco como ser humano, como mi hijo. Tú no tienes la culpa de las negligencias que tu papá y yo hemos cometido. Hoy me doy cuenta de que hemos actuado de un modo muy egoísta .Eres mi primer hijo o hija y así te reconozco. Tú nunca fuiste un error y ahora yo trato de incluirte en mi vida. No lo tomes como una excusa pero llegaste en un momento muy difícil, tu padre y yo estudiando y sin la madurez y recursos necesarios para responsabilizarnos de tus primeros pasos.

Si fueras niña tu nombre probablemente sería Delilah, es un nombre muy bonito y original. Si fueras niño tu nombre probablemente sería Benjamín, me gusta ese nombre, aunque mejor lo dejaría a la elección de tu padre.

Estoy a la vez contenta y muy triste de saber que hubiera podido ser mamá. Me has enseñado en unos días más que en muchos años de escuela. Estarás presente en mí toda la vida y espero que más adelante pueda formar una familia contigo en el corazón y contando a tus hermanos que tú eres el mayor.

 

Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario