La idea de estar embarazada me aterrorizaba

En esta ocasión vamos a compartir la historia de Melissa, una chica que acaba de someterse a un aborto y que aún continúa en la etapa de duelo por la situación, como hemos visto cada historia que hemos compartido es diferente y muchas de ellas se pueden contar de diferente manera de acuerdo a la situación emocional por lo que cada mujer está viviendo, hemos tenido relatos de de mujeres que ya han superado el proceso y otros más como el siguiente en el que aún intentan comprender la situación, esperamos que Melissa pronto encuentre la paz. Conoce su historia:

Hace dos meses aborté porque no tengo cómo mantener a un bebé, tengo 17 años y estoy en segundo semestre de la universidad, escribir esto duele tanto porque yo quería tener a mi bebé.

Llevaba cuatro meses con mi novio, no me cuidaba con ningún método hormonal, solo de barrera o anticonceptivos de emergencia, caí en depresión, mi cuerpo, mi menstruación se descontrolaron, y en un par de ocasiones no recuerdo haber tomado la pastilla, quedé embarazada, no lo sabía, tenía tres meses sin menstruar, el primer mes sin período me hice una prueba y salió negativa, yo me relajé e ignoré las señales de mi cuerpo, tenía tanto en la mente, estaba tan ocupada… De un momento “me enfermé”, vomitaba todos los días, tenía gastritis, dolor de cabeza, me sentía mal, no tenía ánimo de nada, sumando la depresión en la que estaba, no salía de cama, no comía bien, creí que era eso.

No había notado que mi cuerpo también cambiaba, tenía el vientre bajo ligeramente “inflamado”, las mamás crecidas, mi novio lo notó primero que yo, un día me dijo: “Yo creo que estás embarazada” yo enseguida lo negué, la idea me aterrorizaba.

A los días me hice un test de sangre y salió positiva, pensé en todas las posibilidades que tenía pero llegué a la conclusión de abortar, me eché para atrás, estaba indecisa, todas las noches acariciaba mi vientre, quería tenerlo, me peleé  con mi novio, el insistía en hacerlo rápido antes que se pasara más tiempo, sentí que me presionaba, accedí, compramos las pastillas y aborté un fin de semana, el me acompañó todo el tiempo, dolía, me dolía mucho, tanto física como espiritualmente, dolió, demasiado diría.

Lloré, lloré mucho, aún dos meses después sigo llorando y recordando, y aquí estoy sintiéndome culpable, deseando morir.

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