Hace ya casi 20 años

Hoy en día veo que es cada vez más fácil que una mujer interrumpa su embarazo sin tener que dar explicaciones, sin pedir permiso, pero hace una década y media las cosas eran tan diferentes.

En la escuela donde iba corrían los rumores de unas inyecciones, cuatro, que se ponían antes de cumplir cuatro semanas de embarazo, pero eran muy difíciles de conseguir; cuando le dije a mi mejor amiga que estaba embarazada me dijo que tomar té de canela muy concentrado era abortivo, aunque también lo dijo de duchas vaginales con vinagre y refresco, saltar de espaldas, incluso me sugirió algo tipo caer accidentalmente de las escaleras.

Éramos tan ignorantes.

Bueno, el caso es que decidí tomar al toro por los cuernos, así que le dije de sopetón a mi novio de ese entonces que estaba embarazada y que teníamos que buscar a alguien que nos ayudara. Imaginen lo difícil que fue encontrar a alguien discreto sin la ayuda de internet, pero lo logramos. Era un consultorio bastante normal a la vista, en una zona pobre de la ciudad.

Debí haber hecho miles de preguntas, pero la que más me preocupaba era el costo, no podíamos pagar mucho, éramos estudiantes de prepa los dos, así que nos enteramos de que por 2,500 pesos podríamos vernos libres de la carga que era en ese momento ser padres. Así que conseguimos el dinero y a los dos días regresamos, faltamos los dos a la escuela para ir.

Tenía 5 semanas de embarazo y mucho miedo de que se me empezara a notar la barriga, así que no sentí el piquete de la anestesia, fue general, cuando abrí los ojos estaba acostada en un cuarto rascuacho, sentía náuseas y me dolía el vientre. El “doctor” me dijo que reposara, que tenía que esperar a no estar mareada para irme. Afortunadamente no fuimos a clases porque estuvimos como 5 horas ahí, salimos justo a tiempo para ir a casa, yo con mucha hambre porque había llegado en ayunas. No sabía que necesitaría el suministro de un año de toallas femeninas y por poco y mancho mi ropa porque nos habíamos quedado sin un centavo, pero la caridad de mi mejor amiga me salvó de la vergüenza.

Las primeras noches fueron dolorosas, pero no porque me doliera el cuerpo, me dolía algo más, tenía como una opresión en el pecho que me hacía rechazar la comida. No quería ver a mi novio, estaba enojada con él, eso me salvó de que mis papás se dieran cuenta de lo que pasaba porque me veían triste, encorvada y empezaron a hacer preguntas, demasiadas preguntas.

Pero a los 15 días el dolor empezó a pasar, pude volver a ver al pobre chico que no entendía ni pío de lo que pasaba, retomamos nuestra relación con mucho más cuidado en lo sexual.

Ahora que ha pasado el tiempo, miro hacia atrás y pienso que me arriesgué demasiado, tantas chicas murieron por un aborto, otras nunca volvieron a embarazarse a pesar de todos sus esfuerzos. Yo tengo dos hijos, un esposo que nunca sabrá lo que pasó y cero remordimientos, porque sé que hice lo mejor para mí.

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