Una amiga me pidió que abortara con ella

Nunca me imaginé que una persona podía meterse tanto a la vida de otra al grado de poder considerar a una amiga como una hermana; yo tengo a mis hermanas y las amo, pero en el camino de la vida tuve la oportunidad de conocer a una chica que de a poco empezó a convertirse en una de las personas con las que me gustaba más pasar el tiempo libre y sentía que era mutuo así que nos la pasábamos muy bien en todos lados.

Un día tuvo un novio con el que hacía una relación un tanto extraña; no era agresiva, pero era demasiado intensa en todos los aspectos, a veces yo prefería dejarlos pasar a lo lejos por los pasillos de la universidad que tener que ser testigo de otra de sus peleas o “pláticas” subidas de tono, pero nunca dejé de estar en contacto con ella.

Un día me pidió vernos en un café cerca de la universidad, pero parecía alterada, rara, fuera de lo normal. Fui a la hora que quedamos y cuando llegué estaba sentada viendo hacia el horizonte, pensativa y con una presencia ausente que nunca había sentido con ella, le pregunté si estaba todo bien, me dijo que no, estaba embarazada y no quería decirle a su novio por evitar una de las escenas que ya todos quienes los frecuentábamos conocíamos de sobra, así que me decía a mi que su intención era abortar y le daba miedo hacerlo sola.

Sin pensarlo me ofrecí, y digo sin pensarlo porque no estaba nunca preparada para lo que vi cuando la acompañé.

Llegamos temprano a la clínica y nos formamos afuera con varias decenas de chicas; lo primero que me sorprendió fue ver a tantas chicas adolescentes acompañadas de sus madres, no sabía si pensar que eran afortunadas por tener el apoyo de sus madres o desafortunadas por tener que exponerse a esa vivencia tan jóvenes.

El caso es que nos dieron las pastillas, nos dieron las recomendaciones sobre cómo tomarlas y salimos de ahí. Las tomó y al poco tiempo empezó el efecto. De pronto mi amiga ya no era ella, su semblante cambió, gritaba, lloraba, se retorcía del dolor hasta que por fin fue al baño y expulsó al producto.

Hubo un momento de silencio entre nosotras, solo nos quedamos como sentadas viendo a la nada, sin decirnos nada ni hacer nada, pero no era un silencio fúnebre, era, o por lo menos así lo sentí yo, un silencio tranquilo, relajado.

Aún están juntos, esperan a su “primer” bebé.

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