No me enorgullezco, pero tampoco me arrepiento

Estaba a punto de terminar el cole, el semestre era pesado y tenía varias noches con insomnio, durmiendo sólo dos o tres horas al día por el estrés de los finales y los trabajos de fin de curso. Un día, saliendo del cole mi pareja me invitó a beber para relajarme y me relajé de más; pasamos un momento maravilloso, era lo que necesitaba, nunca quise usar anticonceptivos hormonales, sólo el de barrera porque todos decían que el condón te protegía casi contra todo.

Un mes después, en la semana de finales, me sentía fatal: ojeras, cansancio, palidez, falta de apetito y cuando comía algo, lo devolvía inmediatamente, mi humor estaba peor que nunca y me sentía al borde del llanto o de la ira en todo momento. Todos, hasta mi madre, creímos que era normal por el estrés que vivía, estaba tan concentrada en mis estudios que no me dí cuenta de que mi menstruación no llegó.

El siguiente mes fue peor, las admisiones a la universidad nos tenían a todos con los pelos de punta porque no sabíamos si quedaríamos en la carrera que queríamos, yo me fui a medicina, la más demandada y difícil de entrar. Tampoco me dí cuenta de que mi periodo volvió a brillar por su ausencia, nadie lo notó, pero sí me veían más delgada, más ojerosa y más enojada. Mi novio y yo tuvimos una gran pelea por esos días y decidimos terminar.

Así que, cuando finalmente vi mi nombre en el periódico (mi anécdota es previa a los procesos de admisión “online”), me relajé, volví a dormir bien y como de película: desperté a la mitad de la noche dándome cuenta de que no me había bajado… ¡Estaba embarazada! y sin novio, para acabarla de amolar.

Yo no quería tener un bebé en ese momento, estaba a punto de iniciar mi sueño de ser doctora y mi novio me había mandado al diablo. En ese entonces era muy difícil abortar y el Internet no era lo que es hoy, buscar en un lugar público era peligroso, desde la casa era peor y no tenía amigas a quien contarle, sólo a mi ex pareja, así que lo busqué y le conté lo que pasaba.

Él habló conmigo y me dio las opciones de darlo en adopción, de casarnos y formar una infeliz pareja pero al final decidimos buscar una clínica, antes de que llegara a los tres meses. Encontramos un lugar donde me trataron mal, me tacharon de asesina y me mandaron con una psicológa para que me siguiera haciendo sentir mal, pero no cambiaron mi decisión; el médico fue diferente, se portó bien conmigo, no me lastimó (mucho) y me explicó muchas cosas que posteriormente aprendería en la carrera.

Haber abortado no me enorgullece, pero sí me abrió el camino para ayudar a otras mujeres que pasan y han pasado lo mismo que yo, a unas les va mucho peor. A 5 años de mi experiencia sigo sin arrepentirme ni tener hijos, me especializo en ginecología y en el apoyo a las mujeres que buscan una interrupción legal, segura y sin maltrato.

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