El día que platiqué con mi bebé abortado

Era muy joven cuando me embaracé por primera vez, la verdad es que yo tenía una especie de desagrado hacia los niños pero por alguna muy extraña razón ellos siempre me buscaban para jugar conmigo, platicar o dibujar. Para mi siempre fue una tortura pues no tenía (a pesar de no ser de mi agrado) el corazón para solamente decirles “largo de aquí”. Las jornadas en que tenía que encontrarme con un niño me parecían por demás exhaustivas, solo quería que terminaran ya, incluso cuando se tratara solamente de ese niño raro viéndome fijamente en el camión de camino a la escuela.

Ese novio que tenía cuando me embaracé, pensé que iba a ser el amor de mi vida, que íbamos a crecer juntos y amarnos para siempre, pero más tarde aprendí que la vida da muchas vueltas y que si bien fue una suerte conocerlo, no era para mi. Con el tuve mi primera vez, con él me embaracé y con él pagamos en una clínica para abortar. Yo tenía mucho miedo de las pastillas y por suerte teníamos dinero y pudimos pagar la clínica en donde entré embarazada y salí como si nada, caminando de la mano de mi chico.

Claro que moralmente no fue tan sencillo como parece, los tiempos no eran iguales y el aborto no era un tema tan fluido como lo es ahora, no, eran muy pocas las mujeres que hablaban de eso y el Internet no era tan popular así que ni en sueños se podía visitar un foro de aborto, era tú con tu mejor amiga si es que realmente era la mejor y no te iba a regañar por hacerlo. La verdad es que lloré, me sentí triste, me sentí mala, me sentí egoísta, pero por otro lado me sentí bien, me sentí libre y responsable de no haber traído al mundo a un bebé para el que no tenía ni cien pesos qué ofrecerle.

Pasó el tiempo y crecí, terminé con mi novio, los dos nos fuimos para rumbos muy diferentes y diez años después me embaracé de nuevo y entonces sentí la responsabilidad de explicarle a mi anterior hijo por qué a el no y a este sí. Así que me decidí y hablé con él o ella:

“Hijo mío, yo se que has estado observándome desde donde sea que te encuentres, yo se que tu entiendes que mis motivos más allá de ser lúgubres fueron un intento de darte lo que realmente merecías y no solo un ensayo de una vida feliz. Aunque no lo creas, siempre pienso en ti; con el paso del tiempo logré hacer la paz contigo y conmigo, sin embargo durante mucho tiempo seguí calculando tu cumpleaños y las cosas que habría hecho contigo. Hoy una vez más mis entrañas y mi cuerpo me han permitido alojar vida, una vida para la que me siento completa, feliz y preparada; tengo amor, tengo estabilidad y por sobre todo, tengo la certeza inexplicable de que ese bebé que hace 10 años no pudo ser hoy está aquí, entre mis manos dentro de mi vientre, esperando conocerme tanto como yo.

Queridx hijx, yo desde el momento en que salí de aquella clínica supe que volvería a verte, por eso no me sentí intranquila; supe todo el tiempo que lo nuestro no era un adiós, sino un “nos vemos pronto” y hoy mi corazón tiembla de alegría de saber que esa fecha en que nos saludaremos de nuevo y para siempre se acerca más y más.
Hijx míx, el día que te tenga entre mis brazos, esos años se reducirán al momento en que nuestros ojos se encuentren y con una mirada muda nos diremos “estaremos juntos para siempre”.

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